Las calles de diversas ciudades de América Latina se han llenado de mujeres este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, para alzar su voz en un contundente llamado a «paren de matarnos». La fecha, tradicionalmente un espacio para reivindicar los derechos de las mujeres, adquiere este año un matiz particularmente urgente. Los movimientos feministas de la región denuncian el incremento de los feminicidios y la violencia de género, en un contexto político marcado por un perceptible giro conservador que, según activistas, amenaza con revertir avances logrados en materia de igualdad y derechos. La movilización global por la igualdad se intensifica en una de las regiones con las tasas más altas de violencia contra las mujeres.
El contexto actual en América Latina dota a estas protestas de una significación especial. En los últimos años, varios países de la región han experimentado la llegada al poder de gobiernos y movimientos con agendas conservadoras. Estos sectores políticos, en ocasiones, han expresado posturas críticas hacia las políticas de género, los derechos reproductivos y la educación sexual integral, percibidas por amplios sectores feministas como esenciales para combatir la desigualdad y la violencia. Los colectivos de mujeres advierten que este ambiente político podría erosionar el marco legal y las instituciones dedicadas a la protección de los derechos de las mujeres, incluyendo aquellas que luchan contra la impunidad en casos de feminicidios.
Las manifestaciones de este 8M no solo resaltan la persistente crisis de los feminicidios en la región, donde miles de mujeres son asesinadas anualmente por razones de género, sino que también expresan preocupación por el futuro. Las consignas de las marchas no se limitan a la condena de la violencia física, sino que abarcan también la exigencia de políticas públicas que garanticen la seguridad, la autonomía económica y la representación política equitativa. Organizaciones de derechos humanos y colectivos feministas señalan que la falta de aplicación efectiva de leyes existentes y la ineficacia de los sistemas judiciales contribuyen a un clima de impunidad que perpetúa la violencia machista. La demanda por justicia y reparación para las víctimas es un pilar central de estas movilizaciones, buscando visibilizar la magnitud de la problemática y presionar a los estados para que adopten medidas concretas y estructurales.
En este 8M, el grito de «paren de matarnos» en América Latina resuena como un recordatorio de que la lucha por los derechos de las mujeres está lejos de concluir. La confrontación entre los movimientos feministas y las tendencias conservadoras emergentes perfila un escenario donde los avances y retrocesos en la igualdad de género serán objeto de constante debate y disputa. La persistencia de los feminicidios y la violencia de género, sumada a la preocupación por las políticas regresivas, subraya la necesidad de una vigilancia constante y una acción decidida para asegurar que los derechos de las mujeres sean protegidos y promovidos en toda la región.














